Este mapa germina en los andares de libertad de las y los jóvenes de Moxos por sus vastos territorios. En más de un sentido, delinea el caminar de sus antiguos abuelos y tatarabuelas, honrando sus vivas inscripciones sobre la tierra y el agua, siempre en diálogo con los dueños del monte. La colaboración que da lugar a este mapa, junto a las historias, risas, y horas de cantos de ranas que lo hicieron posible, lo convierte en un recurso sagrado. A través de estas visualizaciones, honramos los aprendizajes que cosechamos con las y los jóvenes Monitores Territoriales del Territorio Indígena Moxeño Ignaciano (TIMI), quienes, andando a caballo y en largas charlas nocturnas, nos enseñaron a desdibujar límites para delinear encuentros que configuran su territorio ancestral. Este es, por tanto, un mapa vivo, y el comienzo de un homenaje a la memoria larga guardada en el monte, plantado pacientemente por sus antiguos a lo largo de casi 10.000 años. Gracias.